¿Y para qué quiero un smartwatch?

Estaba esperando al lanzamiento del Apple Watch para escribir esto. Creo que sólo Apple (y siendo muy optimistas, Microsoft) podía aportar algo de verdad a los smartwatches.

Con Android Wear, el centro eran las notificaciones, cosa que no veo sentido. En primer lugar, porque lo considero malo. Ya estoy suficientemente distraído con los avisos del móvil (bendito Quiet Hours de WP8.1, por cierto) como para encima tenerlos en la muñeca. No, por favor.

Pero aparte, ¿para qué quiero ver una notificación en la muñeca si puedo verla en el teléfono, desde donde además puedo actuar sobre ella? Y si no tengo el teléfono a mano, no me sirve ver la notificación (no me voy a poner a hablar al reloj). El único caso de uso útil en este caso sería si salgo durante mucho tiempo fuera de casa, sin móvil, y ocurre algo tan urgente que tenga que volver corriendo a coger cosas/ir a donde sea. Pero vamos, no es algo que merezca la pena.

Los smartwatches también tratan de venderse en cuanto a cuantificación personal. Primero, que no sé hasta qué punto resulta interesante saber cuántos pasos doy al día. Que sí, que es divertido ver gráficas y tal, pero no acabo de verle la utilidad para la gente normal. Y si estás tratando de mejorar tu ejercicio (y no es la típica proposición de año nuevo/septiembre) y le quieres sacar partido, veo más lógico gastarse menos dinero en un cacharro hecho para el ejercicio y medición.

Esperaba que Apple tuviese alguna razón para vender su reloj y no sólo estuviese sacando un reloj porque hay que tenerlo, como el resto de fabricantes. Y no la he visto. Sí, la interfaz está currada, la forma de enviar notificaciones mejor pensada, y parece más fácil de usar que lo que hay ahora. Pero lo que ponen como diferencial es la mensajería por dibujitos (que igual me equivoco, pero me parece bastante estúpido) y los pagos móviles (que tampoco compro tanto como para que me moleste sacar la tarjeta de la cartera). También comentaban que había navegación GPS con vibraciones incluidas para no mirar la pantalla, que puede estar bien pero no deja de ser una curiosidad que muchos apenas van a usar. Aparte de que la mitad de los que lo usen cada vez se orientarán peor, seguro. Igual que ahora con los GPS muchos ni saben moverse por Madrid andando o en coche, y de esto he visto bastantes casos.

Al final, ningún smartwatch aporta características diferenciales como sí aportaban en su momento los smartphones o las tablets. Sigo sin saber por qué debería gastarme tanto dinero en un cacharro que voy a tener que cargar cada noche y que no me va a aportar nada más allá de más estrés con las puñeteras notificaciones, ver cuántos pasos doy al día o guiarme unas pocas veces al año por una ciudad que no conozco sin tener que sacar el móvil del bolsillo. No sé si triunfará o no (los consumidores somos muy raros), pero desde luego para mí no es más que una categoría de productos que nadie sabe para qué sirve pero en la que todos están porque “hay que estar”.

El artículo perfecto

Internet se está llenando cada vez más de artículos perfectos. Hay múltiples guías como esta de Buffer para escribir El Artículo Perfecto. De ahí sale toda una miríada de artículos que

  • Suelen Estar Escritos Así.
  • 3 de cada 5 son listas o tienen un número al principio.
  • El tono del escritor es o bien de vendedor de teletienda o bien de colega chistoso.

Y lo peor de todo es que un número preocupante de las veces, esos artículos están vacíos de contenido. Los lees y te quedas igual. Continue reading

Cifrado de correo electrónico, misión imposible

Hoy publico en Genbeta una entrega del especial Cómo cifrarlo todo dedicada al correo electrónico. Creo que ha sido uno de los artículos más frustrantes que he escrito, y es que el tema del cifrado de correo es absolutamente terrible. Crear una clave es de lo más oscuro que te puedas encontrar: si no funciona a la primera, suerte encontrando el por qué. La usabilidad de los clientes en este aspecto es pésima. En Outlook 2013 tardé 15 minutos en encontrar cómo añadir mi clave de cifrado. Thunderbird directamente se colgaba cada poco tiempo y tenía que reiniciarlo. Los errores son crípticos (“error desconocido al verificar la identidad”, wtf), la documentación es escasa… terrible.

Como digo al final del artículo, este es uno de los mejores ejemplos de más seguridad implica menos comodidad. Me parece bastante increíble que veinte años después de su creación cifrar el correo electrónico sea tan caótico, que no haya ninguna solución asequible para el usuario medio como sí la hay con HTTPS o con el cifrado de archivos. Es realmente muy curioso que una de las herramientas de comunicación más usadas sea al mismo tiempo de las más inseguras.

Do what you love

Estos últimos días, he visto aparecer por las redes un artículo curioso, de Miya Tokumitsu en Slate: Stop saying “do what you love, love what you do.” It devalues actual work. Comparte reflexiones interesantes, pero creo que yerra completamente en las conclusiones y en la visión general del asunto.

Do what you love (haz lo que amas, ama lo que haces) es un mantra que cada vez está más presente: dedícate a lo que más te guste. El mejor trabajo es aquel que te gusta hacer. Personalmente, estoy muy de acuerdo con esta filosofía: me encanta mi trabajo y me encanta mi campo de estudio. Creo que es mejor perseguir lo que te gusta a conformarte y hacer algo que no te gusta. A largo plazo probablemente repercuta en un mejor nivel económico y, lo más importante, en lo agusto que estés contigo mismo.

El artículo de Slate trata de refutar estas ideas, pero empieza mal. Comparte un ejemplo, el de Steve Jobs y esta cita:

You’ve got to find what you love. And that is as true for your work as it is for your lovers. Your work is going to fill a large part of your life, and the only way to be truly satisfied is to do what you believe is great work. And the only way to do great work is to love what you do.

Jobs, es por supuesto, uno de los epítomes de esta filosofía. Tokumitsu confunde una crítica al propio Jobs con una crítica al mantra:  […] by portraying Apple as a labor of his individual love, Jobs elided the labor of untold thousands in Apple’s factories. No es incompatible hacer lo que amas con reconocer a los que te ayudan a realizar tu trabajo. 

Y es que el artículo parte de una idea preconcebida que, en mi opinión, es errónea. Esta idea es que sólo se pueden amar trabajos de “alto nivel”, con prestigio social, con grandes sueldos, “glamurosos”… En un momento del artículo dice lo siguiente: Elevating certain types of professions to something worthy of love necessarily denigrates the labor of those who do unglamorous work that keeps society functioning, especially the crucial work of caregivers. Me sorprende muchísimo que diga que el trabajo de cuidar de personas que lo necesitan no pueda ser un trabajo que ames.

Hay otros dos párrafos que me chirrían mucho:

His [Steve Jobs’] food harvested from fields, then transported across great distances. His company’s goods assembled, packaged, shipped. Apple advertisements scripted, cast, filmed. Lawsuits processed. Office wastebaskets emptied and ink cartridges filled. Job creation goes both ways. Yet with the vast majority of workers effectively invisible to elites busy in their lovable occupations, how can it be surprising that the heavy strains faced by today’s workers—abysmal wages, massive child care costs, etc.—barely register as political issues even among the liberal faction of the ruling class?

In ignoring most work and reclassifying the rest as love, DWYL may be the most elegant anti-worker ideology around. Why should workers assemble and assert their class interests if there’s no such thing as work?

Mezcla cosas sin relación y acaba concluyendo que hacer lo que amas lleva a problemas laborales. Por el camino, plantea implícitamente que ni un granjero, ni un actor, ni un guionista, ni un trabajador de oficina pueden amar su trabajo.

Tokumitsu sigue por esa línea de vincular el hacer lo que amas y problemas laborales y llega al asunto de los “becarios gratis”, gente que trabaja sin cobrar porque les gusta lo que hacen. Para mí es otro problema sin relación: puedes amar tu trabajo y aun así no dejarte abusar. Es cierto que hay empleadores que engañan y tratan de convencerte para trabajar gratis con la excusa de “así trabajarás en lo que te gusta”. Sin embargo, no creo que ese mal uso por parte de explotadores implique que la filosofía sea dañina.

El final es de nuevo una conclusión errónea, al menos para mí:

Do what you love and you’ll never work a day in your life! Before succumbing to the intoxicating warmth of that promise, it’s critical to ask, “Who, exactly, benefits from making work feel like nonwork?” “Why should workers feel as if they aren’t working when they are?” In masking the very exploitative mechanisms of labor that it fuels, DWYL is, in fact, the most perfect ideological tool of capitalism. If we acknowledged all of our work as work, we could set appropriate limits for it, demanding fair compensation and humane schedules that allow for family and leisure time.

Puedes amar lo que haces y aun así tener claro que no todo es trabajo. Es cierto que es fácil confundirse y convertir toda tu vida en tu trabajo, pero no creo que sea un problema específicamente creado por amar tu trabajo.

La idea central del artículo se basa en contraponer trabajar en lo que te gusta con valorar tu trabajo y el de los demás como tal. No creo que sean cosas incompatibles, al contrario, y por eso no estoy para nada de acuerdo con esa conclusión que saca Tokumitsu.

Sin embargo, sí hay varias ideas muy interesantes, como decía al principio:

“Do what you love” disguises the fact that being able to choose a career primarily for personal reward is a privilege, a sign of socioeconomic class.

[…] If we believe that working as a Silicon Valley entrepreneur or a museum publicist or a think-tank acolyte is essential to being true to ourselves, what do we believe about the inner lives and hopes of those who clean hotel rooms and stock shelves at big-box stores? The answer is: nothing.

Aquí tiene razón, pero hasta cierto punto. Es obvio que si apenas tienes para comer, dedicarte a lo que más te gusta se hace difícil. Por otra parte, uno se puede plantear esos trabajos como un medio para llegar al trabajo que te gusta. Tampoco creo que buscar hacer lo que amas implique prejuzgar a la gente por el trabajo que tiene.

Resumiendo: creo que el artículo merece la lectura para plantearse críticamente una filosofía muy extendida, pero creo que las conclusiones a las que llega no son acertadas.